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lunes, 4 de enero de 2010

Roscón de Reyes vegano


Algo muy tradicional en estas fechas es, sin duda, el Roscón de Reyes. Hoy voy a proponer una alternativa para vegetarianos, personas que no pueden tomar huevo o harina de trigo y, en general, para todos aquellos a quienes les apetezca experimentar con esta receta.

La receta básica de este roscón está sacada de un blog que me gusta muchísimo: El delantal verde. Yo he agregado algunas modificaciones o alternativas, para que cada cual lo adapte a sus gustos y necesidades.

Ingredientes

-Para la masa madre
50 gr leche vegetal
50 gr harina de trigo o de espelta
40 gr levadura fresca prensada, (se encuentra en los refrigerados o de los supermercados, o se puede pedir en las panaderías).

- Resto de ingredientes
50 gr azúcar (blanco o moreno)
Ralladura de piel de una naranja y un limón
1 cucharada de harina de garbanzos ( o un huevo)
Agua
1 cucharadita de agua de azahar o dos o tres gotas de aceite esencial
1 cucharadita de ron (opcional)
30 gr margarina vegetal o 30 gr de aceite vegetal
140 gr harina de trigo o de espelta
Una pizca de sal
Fruta confitada o deshidratada, o frutos secos.



Elaboración:

Primero se debe hacer la masa madre, deshaciendo en un bol la levadura en la leche tibia. Se añaden los 50 gr de harina y se amasa suavemente hasta obtener una masa homogénea. Si se pega en los dedos, se pueden untar con un poco de aceite.

Tapamos el bol con un plástico y un trapo de cocina, y dejamos reposar la masa unas 2 horas. También se puede dejar reposar toda la noche para hacer el roscón por la mañana para el desayuno.

A continuación mezclamos el azúcar con las ralladuras de naranja y limón y la harina de garbanzos desleída en un poco de agua (o el huevo), el agua de azahar, el ron y la margarina muy blanda, de textura de crema (o el aceite). Se añaden los 140 gr. de harina y una pizca pequeña de sal. Mezclamos con la masa madre que estaba reposando y amasamos todo junto hasta tener, de nuevo, una masa homogénea.

Los procesos de amasado se pueden hacer en una panificadora, usando el programa de amasado, y tocando de vez en cuando la masa hasta que tenga la consistencia adecuada. Para los periodos de reposo hay que sacar la masa de la cubeta de la panificadora y dejarla reposar en un bol.

Volvemos a colocarla tapada en el bol , para dejar levar otras dos horas.Pasado ese tiempo, se vuelve a modelar la masa muy suavemente para quitarle, con los nudillos, el aire de dentro. Este amasado hay que hacerlo a mano. Damos forma de bola. Dejamos que repose unos minutos y colocamos sobre la fuente del horno, untada con un poco de aceite.


Damos la forma de roscón haciendo un agujero en el centro de la bola, y ampliándolo poco a poco, hasta que teng una forma que nos guste. Hay que tener en cuenta que levará un poco más en el horno.


Si se quiere, se cogen los regalos-sorpresas que queramos añadir, envueltos en un poco de papel transparente o bolsa y se introducen en la masa.
Cubrimos el roscón y dejamos levar un poco más, si se puede, mejor otra hora más.

Se precalienta el horno a 200º C y, mientras, se decora el roscón con las frutas confitadas o deshidratadas, (o también va muy bien con frutos secos) . Decoramos con un poco de azúcar mojado con unas gotas de agua, para que quede grumoso.


Metemos en el horno, bajando la temperatura a 180ºC, y horneamos unos 30 o 40 minutos.

Conviene poner también, dentro del horno, un vaso de barro o algún recipiente que resista el calor, con agua, para que no se reseque el roscón. Si empieza a dorarse mucho por arriba, se debe cubrir con un papel de aluminio.

Una vez terminado el roscón se puede consumir tal cual o poner un relleno previamente. El muno de los rellenos merecería otro post... así que por ahora me limitaré a recomendar los más sencillos; nata de soja, crema pastelera, chocolate para untar, (de cacao o de algarroba), cabello de ángel, etc, etc...



jueves, 8 de octubre de 2009

Panecillos marroquíes



Hace mucho que no pongo una receta. Vamos hoy con una de panecillos, concretamente se trata de unos panecillos ligeramente dulces que es tradicional servir en las bodas marroquíes. Son sencillos de hacer y se pueden tomar solos, o acompañados de cosas dulces o saladas. Voy a poner la receta tradicional, y entre paréntesis las variaciones personales que hago yo. Cada cual que se quede con la opción que más le guste.

Ingredientes para 8 panecillos aproximadamente:

300 de harina de trigo (o de harina de integral de espelta)
125 ml de leche de vaca (o de soja)
1 cucharada de agua de azahar (o 5 gotas de aceite esencial)
1 huevo 10 gr de levadura fresca (o un sobre de levadura seca de panadero)
30 gr de aceite
30 gr de mantequilla en pedacitos
50 gr de azúcar (o 30 de fructosa)
15 gr de granos de anís
10 gr de sésamo

Ponemos en un cuenco todos los ingredientes y amasamos hasta que la masa sea homogénea y la mantequilla se haya deshecho bien. Si usamos levadura fresca es conveniente disolverla previamente en la leche.
La masa queda un poco pegajosa, pero no importa, después de levar, se hace más manejable.

Una vez hecha la masa la cubrimos con un paño húmedo y la dejamos entre una o dos horas en un lugar cálido hasta que doble su volumen. Como truco, yo suelo calentar ligeramente el horno y guardo la masa ahí.

A continuación, volvemos a amasar y repartimos en pequeñas bolas que aplastamos hasta que midan uno o dos centímetros de grosor. De nuevo volvemos a dejar reposar al menos durante una hora más, para que los panecillos suban.



Ponemos a precalentar el hormo a 200 º C y mientras pintamos los panes con un poco de leche azucarada o yema de huevo y espolvoreamos con un puñadito de sésamo.

Bajamos la temperatura del horno a 180ºC y horneamos los panes hasta que se doren por encima, lo que sucede a los 15 ó 20 minutos.



Si se tiene una panificadora se pueden poner todos los ingredientes a la vez en el molde, procurando, eso sí, que la mantequilla esté en trozos muy pequeños y blandita, y programar el aparato como para un pan normal. El sésamo lo podemos añadir cuando la masa haya subido, justo antes de que empiece el horneado.

Estos panecillos aguantan bien la congelación.

lunes, 6 de julio de 2009

Henna



La henna, también llamada alheña, es un tinte natural de color rojizo anaranjado muy utilizado en India, Pakistán, Irán, Oriente Medio y África del Norte.



La henna se obtiene de una planta llamada Lawsonia inermes, secando y posteriormente moliendo las hojas y peciolos, con lo que se obtiene un polvo de color verdoso.
Al aplicarla sobre el cabello, los pigmentos de la henna se introducen entre las células del pelo, dándole la característica coloración. Hay que tener en cuenta un dato importante: el color de la henna impregnará nuestro cabello, sumando al color de éste sus pigmentos, pero nunca, va a aclararnos el pelo, ya que no tiene propiedades decolorantes. Es decir, para alguien con el pelo muy claro o con canas, la coloración se verá más anaranjada que para alguien con el pelo oscuro, en quien lo que se apreciará será un reflejo rojizo. Un caso muy característico es el de las personas con el pelo oscuro y canas; después de usar henna, las canas se colorean más claras que el resto del pelo, obteniéndose un efecto muy atractivo, como de mechas naturales.

En el mercado existen marcas que ofrecen hennas de diversos colores, ¿cómo es posible esto?

Las diferentes coloraciones de la henna se obtienen mezclando ésta con otras plantas, (té, café, corteza de nogal, manzanilla, etc.) para variar el color final. Si hemos apostado por la henna como producto natural y respetuoso con nuestro cabello y nuestra piel, lo que es muy importante es usar henna que no esté mezclada con productos químicos.

¿Cómo prepararla en casa?
Son muchas las variantes a la hora de preparar la henna. Yo voy a explicar aquí la que utilizo personalmente.
Necesitaremos:
- henna en polvo, (con 100 g hay de sobra para una melena de tamaño medio)
- un cuenco de plástico o cristal
- una cuchara para remover
- agua templada
- aceite de oliva o de jojoba o de argán
- vinagre o zumo de limón



Ponemos en el cuenco la henna en polvo, y a continuación vamos añadiendo agua templada y removiendo hasta obtener una pasta homogénea y sin grumos, no demasiado espesa, (más o menos como una bechamel). A continuación agregamos dos cucharadas soperas de aceite de oliva, de jojoba o de argán, (también podemos utilizar dos cucharadas soperas de nuestra mascarilla capilar habitual, o de otro aceite hidratante).

Para aplicar la henna, a mí me gusta tener el pelo limpio y ligeramente húmedo. Utilizo guantes de látex y me la voy aplicando con los dedos, con cuidado de mancharme la frente o las orejas, ya que de lo contrario, la piel se tiñe de color. Otras personas prefieren prepararla más líquida y aplicarla con pincel. Esto es cuestión de gustos, y de encontrar el método que nos resulte más cómodo.

Una vez puesta en todo el pelo, hay dos factores que determinan la intensidad del teñido: tiempo y temperatura. A más tiempo con la henna puesta más “coge” el color, y a más temperatura, más se fija. A mí me da muy buen resultado tenerla puesta como mínimo tres horas, cubierta por un pañuelo, y aplicarle de vez en cuando calor con el secador de pelo.
Pasado este tiempo, se lava bien el pelo, y en el último enjuague, se puede aplicar un poco de agua con vinagre o con limón, que dará mucho brillo y actuará como fijador del color.

La henna en la piel
Con la henna también se realizan pinturas corporales, llamadas mehandi. Los patrones del mehandi son bastante complejos y en algunas culturas se emplean como ornamento nupcial. Hoy en día se han popularizado mucho en Occidente, donde se les llama tatuajes no permanentes. La henna penetra sólo en las células muertas del estrato córneo cutáneo. La duración del tinte varía en función del grosor de la piel, por eso en manos y pies es dónde más duran estos diseños, pero en cualquier caso es sólo de días.



Cuidado:
La henna nunca es negra, para los dibujos sobre la piel se puede conseguir este color añadiendo la Para-phenylenediamine o PPD. Este componente químico puede causar alergias, dermatitis, quemaduras y cicatrices, así que, insisto, hay que leer bien la etiqueta del producto que compramos.

miércoles, 15 de abril de 2009

Paté de berenjenas o muttabal betinjan.

La berenjena, Solanum melongena, pertenece a la familia de las Solanáceas.

Es rica en potasio, calcio, azufre, hierro y vitaminas B y C.
Entre sus propiedades cabe destacar su capacidad para estimular la filtración de los riñones y su manera de facilitar las digestiones al estimular la función biliar.

Originaria de la India, fue introducida en Europa por los Árabes, a través de la Península Ibérica.


La berenjena es un componente muy importante en la cocina árabe, donde algunas veces es un ingrediente más, y otras la estrella del plato. Este paté es uno de los más conocidos mezze, junto con el hummus, la muhammara y el tabbouleh, que se sirven como entrantes. Su nombre más conocido es el de muttabal betinjan.


En Siria y Palestina este plato recibe un nombre un tanto curioso; baba ghanoush, que traducido significa coqueto y vicioso. Y es que, este sería el mejor nombre para describir esta crema de agradable y ligera textura, que hace que una vez que la pruebes se despierte la más insaciable de las gulas. Y es tanta la fama de este plato, que es muy popular la creencia de que si las mujeres comen este plato, acabaran por adquirir las mismas cualidades melosas del baba ghanoush. Así muchas madres se lo dan a sus hijas buscando transmitirles las virtudes de ser mimosas y viciosas. Una política que también tiene sus detractores, que prohiben comerla precisamente por el mismo motivo.
Este paté resulta de un sabor suave y sorprendente. Se puede tomar untado en todo tipo de pan, galletas saladas o tostadas frías y calientes, como entrante, como relleno de verduras o como salsa en un sandwich vegetal, etc.



Ingredientes:
2 berenjenas
2 cucharadas pasta de sésamo, también llamada tahin.
1 diente de ajo, (2 o 3 si se quiere más intenso de sabor)
1/2 cucharadita de comino, (2 si se quiere más intenso de sabor)
Zumo de 1/2 limón
Pimienta negra en polvo
Aceite de oliva
Sal
Perejil fresco, (opcional)


Elaboración:
Se cortan las berenjenas en cuatro trozos longitudinalmente y se asan en el horno a 200ºC hasta que se ablanden. También se pueden dejar enteras y asarlas sobre una sartén o parrilla, a fuego lento, girándolas de vez en cuando, para que se hagan por todos los lados. Se dejan enfriar un poco y se retira la piel. En un vaso de batidora se pone la pulpa de las berenjenas, junto con el resto de los ingredientes y se muele bien hasta que quede una pasta fina y uniforme.
Una vez preparada la pasta se puede tomar untada sobre todo tipo de pan o usarla como relleno, (en hojaldre queda muy rica). Además podemos repartirla en recipientes y congelar para usar más adelante.


Sugerencia: Si se quiere que tenga un sabor más suave aún y textura más cremosa, se añade un trozo de tofu o de yogur de soja sin azúcar a la hora de batir.



Esta receta, junto con otras de cocina marroquí se pueden encontrar aquí.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Para hacer cremas en casa.


No siempre es fácil encontrar la crema que se adapte perfectamente a nuestras necesidades; o falta algún componente, o sobra algún conservante o aditivo no deseado…

Hacer una crema en casa es bastante más rápido y sencillo de lo que se podría pensar, y al depender de nosotros todo el proceso, no sólo tenemos la libertad de hacerla con los ingredientes que nos interesan, sino que podemos controlar la calidad y origen de los mismos.

Voy a dar una receta base, a partir de la cual se pueden hacer múltiples variantes, y a continuación, veremos el caso concreto de una crema de rosa mosqueta y propóleo, de propiedades cicatrizantes y desinfectantes.

Crema base:
- 60 ml de aceite vegetal base de primera presión en frío, (uno o varios mezclados)
- 30 ml de hidrolato aromático o agua floral, (según las propiedades que busquemos en nuestra crema)
- 7 g de cera de abejas en perlas


Crema de rosa mosqueta y propóleo:
- 30 ml de aceite de rosa mosqueta de primera presión en frío
- 15 ml de extracto de propóleo
- 1 cucharadita de cera virgen de abejas
- 10 gotas de aceite esencial de naranja

El aceite de rosa mosqueta nos va a dar la base de la crema, de gran capacidad hidratante y cicatrizante.
El propóleo actuará como antiséptico natural.
La cera virgen nos dará la consistencia de pomada y además sobre la piel actúa a modo de película protectora, que evita la deshidratación.
El aceite de naranja cumple una doble función, por un lado enmascarará el intenso olor del propóleo, que no a todo el mundo le gusta, y por otra parte, al tener propiedades que mejoran la circulación, hará que los componentes de nuestra crema penetren con mayor facilidad en nuestra piel.

Vamos allá:
Ponemos en un recipiente resistente a la temperatura el aceite y la cera virgen y calentamos al baño maría, moviendo la mezcla con suavidad hasta que la cera quede totalmente derretida.
A continuación retiramos del calor y añadimos el propóleo, sin para de mover, para que cuando la cera empiece a solidificar la mezcla quede homogénea.
Proseguimos añadiendo el aceite esencial y seguimos moviendo hasta que la mezcla se enfríe.
Si queremos acelerar el proceso podemos poner nuestro recipiente dentro de otro que contenga agua fría, pero no es aconsejable meterlo en la nevera o en el congelador porque la solidificación sería muy rápida y se nos pueden separar los componentes.

Opcionalmente, como conservante podemos añadir una perla de vitamina E.

Cuando la mezcla está fría la ponemos en el recipiente donde la vayamos a conservar y ya podemos empezar a utilizarla.
Como estas cremas no llevan conservantes, lo más adecuado es tenerlas bien tapadas y conservarlas en la nevera, donde nos durarán un mes.

Yo procuro preparar la crema en el mismo recipiente donde la vaya a guardar, de ese modo evito más manipulación de la necesaria y desaprovechar parte del producto al pasarlo de un sitio a otro.

Para las medidas, lo más sencillo es utilizar una jeringuilla, ya que vienen graduadas en ml. Para la cera, doy el valor aproximado por cucharadas, porque no todos los pesos de cocina afinan tanto como para pesar pocos gramos.

Nota: si cuando nuestra crema solidifica no tiene la consistencia que esperábamos, podemos rectificarla:

- Si la crema ha quedado muy dura, es porque tiene demasiada cera. En ese caso podemos volver a fundir al baño maría y añadir un poco más de aceite. Luego volveremos a enfriar del mismo modo, removiendo la nueva mezcla.

- Si ha quedado muy fluida, fundiremos y añadiremos un poquito más de cera.

martes, 10 de marzo de 2009

Mermeladas diferentes

El pasado fin de semana me dediqué a preparar algunas mermeladas.
Tenía la excusa perfecta: tiempo libre, ganas de cocinar y un montón de verduras ecológicas frescas. Sí, he escrito bien, verduras, y no frutas.


Son muchos los alimentos que se pueden confitar, y algunas verduras dan unos resultados totalmente sorprendentes. Concretamente veremos la manera de hacer mermelada con tomates, zanahorias o calabacines. Y también un poco de mermelada de naranja amarga.


Vamos primero con las medidas, (calculadas para hacer un bote de mermelada) y luego veremos el proceso, que, por cierto, es bastante rápido y sencillo.

Mermelada de zanahoria:

200 gramos de zanahorias

150 gramos de azúcar moreno o fructosa

1 cucharada de jengibre fresco rallado

zumo de medio limón1 palito de canela

1 vaso de agua (250 ml)

Mermelada de calabacín:

2oo gramos de calabacín, (con piel)

150 gramos de azúcar moreno o fructosa

zumo de medio limón

1/2 vaina de vainilla

1/2 vaso de agua (125 ml)


Mermelada de tomate:

350 gramos de tomates maduritos

200 gramos de azúcar moreno o fructosa

zumo de medio limón

5 ó 6 clavos

1 palito de canela


Mermelada de naranja amarga:

350 gramos de naranjas con piel

150 gramos de azúcar moreno o fructosa

1 palito de canela

1 cucharada de jengibre fresco rallado

Como se puede ver, la cantidad de agua que se añade depende de lo jugosa que sea la verdura o fruta a utilizar.

Para hacer cada mermelada, troceamos la verdura y la ponemos en una cacerola, a fuego lento junto con el resto de los ingredientes.
Poco a poco la verdura se va ablandando hasta que alcanza un punto cremoso. Personalmente, en el caso de la zanahoria, cuando están tiernas paso toda la mezcla por la batidora, para que quede una mermelada homogénea. Con el calabacín y el tomate prefiero cortarlos en trozos pequeños al principio y luego dejar que la mermelada tenga “tropezones”. Esto es sólo cuestión de gustos.

En el caso de la naranja, como vamos a confitar tanto la pulpa como la piel, es importante cortarlas en rodajas muy finas, para que se haga mejor. Cuando veamos que la pulpa está caramelizada y la piel transparente, ya podemos envasarla. Esta mermelada es la que más tiempo nos llevará, porque la piel es más lenta para cocinarse.

Una vez que cada mermelada tiene la consistencia que nos gusta, la ponemos en botes de cristal, (buena oportunidad para el reciclado de botes que hayamos usado en casa con otros productos), y los tapamos, sin apretar la tapadera. El siguiente paso es muy importante para la conservación de nuestras mermeladas. Se trata de esterilizarlas. Para ellos, colocamos los botes en una cacerola con agua, (cuidando de que no queden sumergidos del todo porque se nos podría meter agua en nuestra mermelada), y lo ponemos a fuego fuerte hasta que hierva durante unos 10 minutos. Hecho esto, sacamos los botes del agua, sin abrirlos y con mucho cuidado de no quemarnos, y apretamos bien las tapaderas.

Ya sólo quedará etiquetar nuestras mermeladas e ir disfrutándolas a lo largo de las semanas siguientes.

martes, 3 de febrero de 2009

Seitán casero de trigo o espelta.

El delantal verde es un blog dedicado a cocina vegetariana lleno de recetas ricas, fáciles, creativas y sanas. Y además, descritas paso a paso e ilustradas con fotografías. Un paseo por sus páginas es todo un placer y una gran fuente de inspiración.

Desde el blog nos llega la receta del seitán, muy bien explicada paso a paso, para hacerlo en casa. Yo le he preparado y resulta muy fácil, de veras. Además, lo he hecho tanto con harina de trigo como con harina de espelta y el resultado es igual en ambos casos, con lo que cada cual puede elegir el grano que prefiera.

Elena, de El delantal verde, nos dice: “Echando un ratito en la cocina, se puede conseguir de forma casera un kilo de seitán, más jugoso que el comprado, y por apenas 2€. Merece la pena hacerse el seitán en casa. Así podremos consumirlo más a menudo que el comprado, que suele salir por unos 3 - 4€ los 250 grs. Y de paso, se controlan por completo los ingredientes usados y el proceso de preparación”

Ingredientes:
• 1 kg. de harina de trigo o de espelta (no es necesario que sea integral ya que no aprovecharemos el salvado o fibra).
• 1 litro de agua.
• Un vaso (250 cl.) de salsa de soja
• 1 cabeza de ajos.
• 1 cucharada sopera de jengibre rallado.
• Un trocito de alga kombu de unos diez centímetros de largo y diez de ancho.(El alga kombu ayudará en la digestibilidad del seitán y también aumentará el contenido en minerales, pero si no tienes tampoco pasa nada).

Elaboración:
Se amasa la harina como si se fuese a hacer pan, sólo con agua, sin poner levadura. La cantidad de agua será aquella que permita hacer una masa compacta que no se pegue a los dedos, (aproximadamente para 1 kg de harina es necesario ½ litro de agua).

Cuando esté bien amasada, la dejamos dentro de un recipiente cubierta de agua durante 45 minutos.
Luego se empieza a “lavar” esta masa dentro del agua, que de inmediato empezará a volverse blanca. Eso es señal de que el almidón se va desprendiendo de la masa.
Cuando el agua ya esté blanquísima, la cambiaremos por agua limpia.Irán apareciendo briznas algo más oscuras: ¡eso es el gluten! Cuidado, porque tienden a desprenderse con facilidad.
El proceso de lavado se continúa hasta que el agua salga transparente, que es la señal de que ahora sólo queda el seitán (gluten o proteína del trigo). A mí este proceso me suele llevar 3 ó 4 lavados.
La bola resultante es más pequeña que la bola inicial y ligeramente más oscura y porosa. Se puede dividir en dos o tres trozos, o dejar la pieza entera.

En una olla grande, a fuego fuerte, pondremos el litro de agua con el vaso de salsa de soja, los ajos, el jengibre y el alga kombu.Cuando rompa a hervir, se agregan las bolas de seitán y se deja que hierva a fuego lento durante 45 minutos. Hay quien prefiere dejarlo menos tiempo, unos 20 minutos, para que resulte más blanda la textura.El tamaño vuelve a aumentar con el hervor, y ahora se torna más oscuro y brillante, además de compacto.

Acabado ese tiempo, apagamos el fuego y dejamos tapado hasta que se enfríe.

Conservación del seitán:Una vez frío, se puede cortar en rodajas o taquitos. Conviene dejarlo siempre con algo de salsa, para que no se seque.El seitán dentro del frigorífico dura sólo tres o cuatro días. Así que si no se tiene pensado consumirlo todo, es mejor congelarlo ya que así nos puede durar meses.Hay que tener la precaución de congelarlo en bolsitas individuales donde vaya la porción que vayamos a comer cada vez.
El seitán puede tratarse igual que la carne: empanado, frito, con cualquier aceite a la parrilla, en forma de estofado, o bien elaborado como albóndigas o hamburguesas. Al tener un suave sabor se puede reforzar con sofritos, salsa de soja, especias o cualquier otro tipo de aliño.

Curiosidades del seitán:El seitán es la proteína vegetal o gluten del trigo, que se obtiene por procedimientos naturales. Además está elaborado con salsa de soja, algas kombu, y jengibre.El aspecto del seitán es, para los desconocidos en la materia, poco menos que sorprendente en un primer momento: son bolas de color marrón, de textura muy jugosa y esponjosa. Se asemeja bastante a la carne animal.Es un alimento de origen chino que tiene más de 600 años. Los japoneses, habituales consumidores del seitán, lo denominan kofu.El seitán se obtiene a partir de la harina de trigo duro: es la proteína (gluten) que ha sido separada del almidón después de amasarlo, lavarlo y, finalmente, cocerlo.No contiene grasas saturadas ni colesterol, por tanto, colabora a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.Llamado también “carne vegetal” por su alto contenido en proteínas, olor, sabor y consistencia. Puede comerse de diversas formas como sustitutivo de la carne. Si se come también carne, no se debe abusar del seitán.Además de ser una fuente de proteínas, contiene vitamina B2 y hierro, aportando muchas menos calorías que la carne.

Hay que tener en cuenta: Depende de la calidad o tipo de harina nos saldrá mayor o menor cantidad de seitán.De todas las proteínas vegetales el seitán es la que más merece el calificativo de “carne vegetal”, no sólo por su alto contenido en proteínas sino por su textura y color. Además, aporta más ventajas que la carne: más proteínas, más digerible, sin colesterol, menos grasa, menos sal, menos calorías.Tanto el seitán como el tofu (queso de soja) son fáciles de digerir y muy bajos en calorías, por lo que son ideales para niños, ancianos y personas con problemas digestivos. También está recomendado para los deportistas, ya que ayuda a desarrollar la musculatura.
Muy importante: Es un alimento que se obtiene a partir del gluten, por lo tanto aquellas personas de naturaleza celíaca (intolerantes al gluten) no deben ingerirlo bajo ningún concepto.

lunes, 19 de enero de 2009

Jabón casero

¿Por qué pasar una tarde preparando jabón en casa?
Porque es un modo de reciclar el aceite usado y cuidar el medio ambiente.
Porque conseguiremos un producto natural.
Porque ahorraremos en productos de limpieza.
Porque podemos hacer variantes que nos permitan conseguir un producto a la medida de nuestras necesidades.
Por la satisfacción personal que produce hacer algo artesanal.
Porque podemos hacerlo juntos, en familia, o solos y tranquilos, mientras pensamos en nuestras cosas.
Porque....

Las razones son muchas, y yo animo desde aquí a todos a compartir las vuestras o a contar cuál es la receta que preferís, el truco que no falla, etc.
La receta que voy a dar aquí es la más básica. A partir de ésta se pueden añadir otros ingredientes, tales como aceites esenciales, colorantes naturales, flores secas, alóe, etc. También la presentación admite numerosas variables; desde unos sencillos tacos, cortados después de dejar cuajar el jabón en cajas de zapatos hasta formas más elaboradas, utilizando moldes para tal fin, o cortadores de galletas. En esto, como en todo, la imaginación puede llevarnos muy, muy lejos.
Jabón casero:
- 1 litro de aceite: Si es usado conviene filtrarlo; los filtros de papel para cafetera dan muy buen resultado,(imagen 2).
- 1 litro de agua
- 200 gramos de sosa cáustica en perlas o escamas; se puede comprar en droguerías y supermercados, (imagen 3)
- Un recipiente de cristal o de plástico que resista el calor.
- Una cuchara para remover, de madera o plástico.
- Moldes donde dejar la mezcla hasta que se endurezca; los de cartón permiten que se vaya eliminando más rápidamente el exceso de sosa o de humedad, pero cuidado, porque el líquido que rezuma puede manchar la superficie donde lo dejemos, así que siempre es recomendable proteger dicha superficie.

Realización:
Ponemos el agua a temperatura ambiente en el recipiente que vayamos a usar y añadimos la sosa. Este paso hay que hacerlo con sumo cuidado, porque al disolverse en el agua, ésta aumentará de temperatura notablemente, y además se producen vapores. Yo procuro llevar a cabo este paso bajo la campana extractora de la cocina, o en un espacio abierto y bien ventilado.

A continuación se va añadiendo el aceite poco a poco, a la vez que se empieza a mover suavemente en círculos. A partir de este momento, es cuestión de mover, mover y mover... Veremos como la mezcla, que al principio es translúcida y líquida, (imagen 4) se va volviendo opaca y espesa, (imágenes 5 y 6). Cuando alcancemos una consistencia cremosa, pasamos la mezcla a los moldes, (imágenes 7 y 8). Yo dejo estos moldes unos días al aire libre, en la terraza, hasta que están suficientemente duros. Después no queda más que cortarlos en tacos, (imagen 9) y reservar hasta que los necesitemos.
Una vez conseguidas las pastillas, si troceamos una y la batimos con agua caliente obtendremos un jabón líquido que se puede utilizar para lavar a mano o a máquina y para fregar suelo o platos.

Pan casero

Después de ver la película "Cómo cocinar tu vida", Macu y Carmen se animaron a intentar hacer pan de Tassajara en casa. Nos han dejado la receta de su variante personal de este pan en los comentarios a la película, pero yo lo traslado aquí, como entrada del blog, porque creo que merece la pena.

Antes de transcribir su receta, debo decir que yo he tenido el inmenso placer de ver, tocar, oler, oír crujir y saborear ese pan casero y que es todo un lujo.

Esto es lo que nos dicen:

¡Hola!
Esta es la receta que ha surgido después de ver cómo se hace el pan en Tassajara.Supongo que la foto aparecerá en breve. Esperamos ver y degustar tu pan muy pronto.


PAN DE ESPELTA (según la receta de Tassajara modificada)




INGREDIENTES:(Cuatro hogazas)
6 tazas de agua templada (30-38º C)
2 cucharadas soperas de levadura (2 paquetes)
7-9 tazas de harina integral de trigo (si lo prefiere, puede sustituir 2 o más tazas por harina blanca sin blanquear)
2 1/2 cucharadas soperas de sal
6-8 tazas adicionales de harina integral de trigo
2-3 tazas de harina integral de trigo (para el amasado)
1-2 cucharadas soperas de aceite
MODO DE HACERLO:
Disolver la levadura en agua.
Echar la harina integral de trigo hasta que se forme una masa espesa.
Batir bien con una cuchara (100 golpes)
Dejar crecer unos 60 minutos
Echar, doblando hacia dentro, la sal y el aceite.
Echar, doblando hacia dentro, la harina adicional hasta que la masa se separe de los costados del recipiente.
Amasar sobre una tabla enharinada, utilizando más conforme vaya siendo necesaria para mantener la masa sin que se pegue a la tabla; unos 10-15 minutos hasta que la masa esté lista.
Dejar crecer unos 50 minutos.
Punzar.Dejar crecer unos 40 minutos.
Dar forma de hogazas. (45º Horizontal / vertical)
Dejar crecer unos 20 minutos.
Tener en el horno a 175º C durante una hora.
Sacar los recipientes y dejar enfriar, o comer directamente.